Terapia Ocupacional desde los márgenes
Daniel Emeric
Daniel Emeric

About the author : Terapeuta Ocupacional. Equipo de Intervención Social de la Fundación Secretariado Gitano en el Centro Penitenciario Madrid V Presidente de la Asociación Profesional de Terapeutas Ocupacionales de la Comunidad de Madrid (APTOCAM)

Caminando hacia ¿Qué Justicia?

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“It matters not how strait the gate, How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate: I am the captain of my soul”
(William Ernest Henley)

Los medios de comunicación nos bombardean cada día con información, opinión, debate y espectáculo, sobre acontecimientos críticos y sucesos truculentos que acompañan la vida humana y los devenires de nuestras sociedades. Fenómenos sobre los cuales me gustaría detenerme hoy, no tanto para hacer un análisis pormenorizado del tratamiento mediático de esas noticias, que bien merecería un Blog entero y exclusivo, en el que escribiesen profesionales en la materia, sino para reflexionar sobre las reacciones que uno percibe entre los profesionales de la terapia ocupacional y estudiantes cuando estas cuestiones se ponen “en la palestra”.

Porque si bien hemos apuntado su cruz en el párrafo anterior; la cara de la evolución de las tecnologías de la información y la comunicación, es que uno puede acceder al pensamiento y la opinión directa de cada usuario en referencia a un tema concreto y en tiempo real. Esto me ha servido para ir recapitulando, sin un propósito concreto, manifestaciones, expresiones, comentarios, etc. de compañeras y compañeros de profesión, que llamaban mi atención en relación a la interpretación subyacente que en ellos existía sobre la noción de justicia penal, y su, a mi entender, distancia ideológica con lo que debiera ser una postura congruente con la disciplina.

Todos celebramos que se “haga justicia”. La dificultad reside precisamente en la proporcionalidad, es decir, en acotar los límites de la extensión de sus actuaciones, para que confluyan con la satisfacción de las necesidades de las víctimas y de la sociedad y sin que supongan un encarnizamiento injustificado que acabe por destrozar las vidas de aquellos a quien se pretende ajusticiar. Lamentablemente, uno percibe que en nuestras sociedades, más que un deseo proporcionado de justicia, existe una sed insaciable de venganza, lo que nos conduce inexorablemente a un endurecimiento penal de consecuencias funestas en lo social, en lo sanitario y en lo económico (que últimamente tanto nos preocupa).

Las preguntas que cabría hacerse entonces son: ¿es distinto entre los integrantes del colectivo de terapeutas ocupacionales?, ¿tienen éstos una noción más proporcional y elevada de justicia? mejor aún… ¿comparten una visión de justicia coherente con los principios filosóficos de la profesión y el significado de la Ocupación Humana?. Basándome en la experiencia diaria me inclinaría por el no. En mi opinión, de muchas de las manifestaciones que uno lee en internet o escucha en las aulas, se desprende más un deseo de venganza que de justicia reparativa y real. Y desde luego que habría mucho que explorar y debatir para encontrar una dimensión de justicia penal congruente con la terapia ocupacional, pero lo que es evidente es que la venganza y la terapia ocupacional circulan por caminos paralelos, y así debe seguir siendo. Este quizá podría ser un buen punto de consenso para el inicio de un debate necesario, aunque, muy probablemente, en la práctica, encontraríamos que nuestra renuncia al castigo y la venganza no son tan explícitos como creemos.

Que nadie me malinterprete, como ciudadano, soy amante de la vida humana en todas sus expresiones y amante también de la naturaleza, y pienso que cualquier forma de atentado contra ellas debe implicar una posición férrea de rechazo. Ahora bien, en congruencia con lo que indisociablemente también somos (terapeutas ocupacionales), pienso que ese rechazo debe convertirse en oportunidades verdaderas de cambio para las personas e iniciativas de restitución que vayan mucho más allá del mero castigo o la privación de libertad. Evidentemente, es algo que no podemos pedir a las víctimas, ni a los afectados, pero sí es algo que podemos y debemos exigirnos como profesionales.

¿Simplemente por el hecho de que se nos presuponen más conocimientos y, por lo tanto, mayores responsabilidades?. No lo creo, más bien porque entiendo que los terapeutas ocupacionales deben tener una conciencia activa y presente en relación a las implicaciones que supone para la dignidad de la vida humana y la salud de las personas estar privados del acceso a sus ocupaciones; y porque debiera estar grabada en nuestro código de barras una orientación activa de nuestros actos hacia la consecución de la justicia ocupacional, a mi entender en conflicto constante con la justicia penal.

Si no somos capaces de inhibir nuestros deseos de venganza, si defendemos con énfasis que hay personas merecedoras de cadena perpetua, si compartimos fotos de ex reclusos para que todo el mundo sepa que vuelven a la calle, etc. quizá estemos siendo poco responsables en relación al impacto de la deprivación ocupacional sobre el ser humano, quizá le estemos dando mucho menos valor a la ocupación del que decimos que tiene, y lo que es peor, quizá estemos creyendo mucho menos de lo deseable en la capacidad de cambio de las personas y en el derecho a las segundas (terceras o cuartas) oportunidades que todos merecemos.

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