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El día que firmaron la paz

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“Es hora, es nuestra hora de recuperar las historias, de contar las historias del conflicto, las guerras, de contarlas en pasado”
Solangel García

23 de junio de 2016

Hoy, en un día común y corriente, Bogotá amaneció con un cielo azul soleado, el sol picante nos recordó los dos mil seiscientos metros que tenemos más cerca de las estrellas, el clima se fue calentando a medida que el día iba avanzando.

Como buenos colombianos, algunos podían tener las tristezas de la reciente derrota del partido de Colombia – Chile en la Copa América, otros tenían los afanes cotidianos; la jornada de trabajo avanzó con los correos, las llamadas, las reuniones…

Hacia el mediodía escuché el Himno Nacional de Colombia, ¿qué pasa? me pregunté, es la apertura de la sesión para los acuerdos de paz. Este himno realmente tenía otras notas, no era el mismo que he escuchado por años, eran las notas de la paz y mis oídos las escuchaban hablando de la confianza, del optimismo, de la equidad. Sentí mucha emoción, mis ojos se llenaron de lágrimas, de las lágrimas que son felicidad, y comencé a pensar cómo sería mi país sin guerra y sin conflicto.

Recorrí con pensamientos muchos lugares: comencé por los que tengo más cerca y pensé que no volvería a ver a los indígenas del Cauca, a los afros que venían desde Chocó, a aquellos de otras tierras, a todos aquellos a quienes muchas veces encontré sentados cerca a mi casa, ahí, en una silla en la fría madrugada donde todos juntos se resguardaban, temerosos, recién llegados por el desplazamiento, cuando sus ojos desolados se encontraban con mis ojos impotentes.

Pensé en los caminos de herradura, en los parques naturales, en las carreteras, en los pueblos grandes y pequeños, en las veredas, en los desiertos, en las playas, en las montañas, en los llanos, en cada rincón de este país; en cada uno de los rostros de aquellos que han estado escondidos, de aquellos que no saben leer pero saben de armas, de aquellos que actúan desde la rabia y la venganza, de aquellos que caminan con tristeza; y pense en todos con esperanza y tranquilidad, quizás con perdón y con confianza; si, pensé en todos con capacidad de soñar y caminar en un mundo sin mas herencia de las rabias, los odios y las guerras.

Es hora, es nuestra hora de recuperar las historias, de contar las historias del conflicto, las guerras, de contarlas en pasado, entendiendo que las víctimas del conflicto somos todos los colombianos, con los dolores y las rabias acumuladas, con amores y desamores, somos una sociedad que nos excluyó de lugares, que puso nuestra cotidianidad al servicio del miedo, la inseguridad o la incertidumbre.

Es hora de conversar del postconflicto/postacuerdo, es hora de abrir las conversaciones e invitar a las reflexiones futuras. Más allá de ser un tema que aparece en discursos, se requieren reflexiones de la paz y para la paz, ahí, en el lugar de lo cotidiano, en el lugar de cada uno.

Es hora de tener conversaciones sobre la paz, la reconciliación política y la participación ciudadana, de comprender los conflictos armados, de conocer más historias: las de todos, las de muchos, las de cada cual, las nuestras, construyéndonos con un sentido de pertinencia local.

Por ello, creo que estos caminos hacia la paz implican:

Conocer y aprender de la historia de mi país, para poder entender qué es lo que ha pasado; cómo, con qué y con quién recuperar y escuchar las distintas versiones de este conflicto. Significa reconocernos como sujetos históricos, conocer y comprender la historia local en el contexto internacional. Entender la paz y el conflicto desde la historia de los amores y desamores, para avanzar hacia perdonar, reparar y aprender a convivir en la vida en comunidad.

Fomentar el desarrollo local y personal; la paz se construye en lo local, en el barrio, en la vereda, en la comuna; en la vida de las personas de cada lugar donde se fomente el perdón, la reconciliación y la reconstrucción de la sociedad y la convivencia.

Fomentar la investigación desde una perspectiva de las interseccionalidades, lo cual significa comprender las relaciones de las situaciones como mujer y desplazamiento, discapacidad y víctimas, género y etnias, etc.

Comprender las relaciones de poder entre las personas y los lugares; entender el conflicto y la paz a partir de estas relaciones de poder.

Fomentar la investigación para la paz, con los movimientos sociales, en los escenarios de la guerra, la investigación entre sujetos, y desarrollar capacidades para trabajar en paz, con la paz y por la paz.

Tendremos más mañanas, algunas con cielos azules, quizás algunas con cielos grises, otras serán anaranjadas, y con cada mañana iremos caminando con esperanzas para que el indígena, el campesino, el hombre o la mujer que nos encontremos al cruzar la calle, o en el cine, o quizás en la universidad o en un bar, este aquí por sus propias decisiones o para que yo esté allá, en su lugar, en su territorio, también por mi propia decisión, pero siempre con tranquilidad y sin miedo.

Creo en esta Paz y creo en el futuro que podemos ir construyendo cada uno de nosotros. Nuestras acciones podrán estar dirigidas a la resignificación de las vidas de tantas personas, a la resignificación de la cotidianidad de las vidas, ahí donde nosotras y nosotros, como terapeutas ocupacionales, contribuyamos en la comprensión de los conflictos y sus soluciones. Es hora de echar mano de las propuestas de las terapias ocupacionales sin fronteras, de poner en la mesa los asuntos de la justicia ocupacional, del apartheid ocupacional, de contribuir desde los distintos escenarios y desde las distintas organizaciones en la construcción de las propuestas, grandes y pequeñas, para hacer de este país un lugar donde podamos disfrutarnos cada rincón, con tranquilidad y confianza. Por el fin del conflicto, por el comienzo de otro futuro.

Solángel García Ruiz

Presidenta Consejo Directivo Nacional

Colegio Colombiano de Terapia Ocupacional

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