Terapia Ocupacional desde los márgenes
Daniel Emeric
Daniel Emeric

About the author : Terapeuta Ocupacional. Equipo de Intervención Social de la Fundación Secretariado Gitano en el Centro Penitenciario Madrid V Presidente de la Asociación Profesional de Terapeutas Ocupacionales de la Comunidad de Madrid (APTOCAM)

La mala ocupación

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mala ocupacion

“Seremos seres enteros el día en que podamos vernos en vuestra mirada”

(Lourdes Oñederra)

En el ánimo de seguir reflexionado sobre cuestiones marginales relacionadas con la Ocupación Humana y la Terapia Ocupacional, quisiera hoy retomar el hilo conductor de uno de los argumentos recogidos en mi primera entrada. La construcción condescendiente de un discurso en torno a las ocupaciones y nuestra profesión. En esta ocasión, para centrarme sobre aspectos vinculados a la taxonomía y su trasfondo.

Pues mi relación diaria con personas que han desempeñado ocupaciones dirigidas a fines ilícitos, y algunas de las reflexiones que Frank Kronenberg sugirió en su última visita a España sobre las Ocupaciones (des)humanizantes, parecen apuntar a ciertas lagunas en la clasificación de nuestras ocupaciones, para conseguir encuadrar esas que consideramos “malas”, pero que no son, en ningún caso, menos cotidianas, ni están menos adheridas a nuestra naturaleza que las entendidas como “buenas”. Por ejemplo, ¿Qué hago cuando robo o me drogo? ¿trabajo, ocio,…? ¿matar en una guerra, vender droga? ¿es trabajo?, ¿Cuándo insisto en que mi mujer me haga la comida porque considero que así debe ser en base a su condición de mujer? ¿qué se plantea en relación a la ejecución de mis AVDs?, pertenecer a una organización criminal ¿es participar socialmente?… Ciertamente, parecen existir lagunas o, al menos, interrogantes por resolver, que denotan que, o la ocupación no es tan simple como para ser clasificada a la ligera, o que las categorías teóricas, sencillamente, no responden a la complejidad de la realidad o, tal vez, un poco de ambas cosas.

La aparente facilidad para categorizar las ocupaciones pertinentes para el ser humano y, la apreciable indefinición y consiguiente dificultad para encuadrar aquellas que consideramos perniciosas, parece indicar en una primera instancia la necesidad de profundizar más en el análisis de la condición humana en su faceta más oscura. Pues difícilmente podremos abordar estas cuestiones desde la indeterminación genérica de “lo disfuncional” o “nocivo para la salud”, y haremos una aproximación quizá excesivamente simplista, o bien recurriremos a las explicaciones de otras disciplinas, que probablemente poco tendrán que ver con el significado de las ocupaciones.

Otra irrefrenable reflexión que me surge tiene que ver con el criterio (o criterios) empleados en la delimitación de las fronteras entre áreas, que todos sabemos (o deberíamos) han de ser siempre permeables y adscritas a un contexto concreto con sus consiguientes cuestionamientos relativos al medio cultural, social, político, económico, etc. Así, el trabajo infantil es considerado en nuestro contexto ciertamente aberrante, pero cuando resulta ser la forma esencial de cubrir las necesidades básicas de subsistencia de una familia entera, todo nuestro planteamiento inicial “parece resquebrajarse”. Todos estos ejemplos reflejan una categorización utilitarista de las ocupaciones humanas, es decir, una taxonomía basada en el valor o significado de las ocupaciones en función de sus consecuencias, medidas en términos subjetivos e individuales de beneficio económico, material, felicidad, bienestar, etc. Tendría sentido considerar entonces la venta (legal o ilegal) de armas como un trabajo, pues implica cuantiosos beneficios económicos para quienes la realizan y, probablemente y en consecuencia, mucha “felicidad”.

No es menos utilitarista si nos ceñimos a aquellas actividades consideradas “buenas”, “saludables”, “equilibradas”. Ello explicaría por qué en nuestro contexto el trabajo parecer tener un valor significativamente diferencial al del resto de ocupaciones, cuantitativamente (en tiempo dedicado) y cualitativamente (en reconocimiento social), a pesar de que los/as Terapeutas Ocupacionales sabemos bien que, al final, la gente, en determinadas condiciones de gran sufrimiento, acaba otorgando mucho más valor a otros aspectos de la cotidianeidad que nada tienen que ver con el empleo.

Plantear una taxonomía de la ocupación basada en la moral, puede dar “miedito”, especialmente a las/os Terapeutas Ocupacionales con cierta personalidad ácrata, en donde creo que perfectamente podría posicionarme. Sin embargo, una fundamentación ética de la ocupación humana podría tener unas interesantes implicaciones para empezar a comprender (y clasificar) con más profundidad el “buen” o “mal” obrar, como lo congruente o no con la esencia de la naturaleza humana, como la materialización de una tendencia que contribuye al crecimiento (humanización) o la destrucción (deshumanización) individual y/o colectiva. Una vuelta de tuerca sobre esta cuestión (en la que también pivota Frank Kronenberg), es la de plantearnos que la ética debe recuperar, además, su dimensión política, retornando a posiciones pre Maquiavélicas, y ahondando en visiones éticas que trasciendan el individualismo y se comprometan colectivamente con la humanidad, el nosotros (Ubuntu), y, como sugiere también Salvador Simó, con la naturaleza (eco-pación). De ello se derivaría también una reinterpretación del concepto de equilibrio ocupacional (tan vinculado en nuestro contexto al balance entre el tiempo existente y la “dedicación ocupacional”), más fundamentado en las ocupaciones desempeñadas y su potencial para aproximarnos a la virtud, entendida como la tendencia hacia el obrar de acuerdo al bien, la justicia, la verdad y la belleza.

Cabría esperar que en cien años de historia, nos hubiera dado tiempo al desarrollo de una taxonomía de la ocupación basada en la “ética-política” del bien común para la humanidad y el planeta, si no ha sido así, tal vez otros intereses hayan guiado durante demasiado tiempo los pasos de la Terapia Ocupacional, la pregunta es ¿hacia dónde?.

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3 Comments

  • Jose on 02/02/2016

    Probablemente el problema es que el termino “bien común” es demasiado amplio o demasiado interpretable y que depende de demasiados contextos, (y como bien dices intereses), personalmente no tengo tan claro que sea una prioridad de la profesión desarrollar esa taxonomía, no digo que no sea necesaria o útil, pero no veo esa preocupación en el colectivo, aunque como siempre este es solamente mi punto de vista no-TO

  • silvia on 03/02/2016

    sencillamente excelente….abre un campo hasta ahora no abordado…pero no por ello inexistente…el desafio, creo repensar al hombre como ser ocupacional y a la TO como ciencia de la ocupacion…

  • Margarita de las heras on 03/02/2016

    Felicidades por el post. Ética y ocupación humana son temas que van de la mano. Aunque para los que curramos en psicosocial es mucho mas evidente. No sé si hay que reinventar algo, pero concienciar es un deber que cumples con creces. Gracias de nuevo

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