Terapia Ocupacional desde los márgenes
Daniel Emeric
Daniel Emeric

About the author : Terapeuta Ocupacional. Equipo de Intervención Social de la Fundación Secretariado Gitano en el Centro Penitenciario Madrid V Presidente de la Asociación Profesional de Terapeutas Ocupacionales de la Comunidad de Madrid (APTOCAM)

La Terapia Ocupacional frente al desarme de E.T.A.

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Manifestación de manos blancas en homenaje al concejal del PP asesinado por ETA, Miguel Angel Blanco Garrido, en Ermua.
“El problema del terror son las secuelas de intolerancia que deja”
(Peridis)

 

El pasado 8 de abril, la banda terrorista E.T.A. hacía entrega de las localizaciones de sus zulos al Comité Internacional de Verificación, para hacer efectiva la entrega de su armamento y declararse definitivamente una organización “desarmada”. Un paso esperado por toda la sociedad española que supone un avance trascendental hacia el fin de casi 60 años de violencia terrorista.

Este hecho supone un punto de inflexión hacia la consecución definitiva de la paz en Euskadi, y abre una etapa histórica que reclamará de todos los actores políticos y sociales, audacia, valentía y una visión amplia y trascendente para la construcción de un relato común, inclusivo, honesto y justo sobre el fin de los años de plomo y la victoria de la paz, y la construcción del futuro de la sociedad vasca.

Sin embargo, sigue resultando sorprendente que un acontecimiento de tal magnitud y calado en nuestra sociedad, pase prácticamente desapercibido para nuestra profesión. Ninguna reflexión (con mayor o menor nivel de profundidad), apenas ningún comentario sutil en redes sociales, ni hablar de una producción literaria seria o un comunicado oficial a cargo de las Organizaciones que nos representan en la sociedad. Aunque no debería sorprenderme tanto, si en 50 años, el terrorismo no ha ido con nosotros (a pesar de generar secuelas en personas que han requerido de nuestras intervenciones), y nuestra máxima implicación como colectivo ha sido poner un lazo negro en la portada de alguna revista; es normal que ahora, la paz también nos sea ajena y no despierte ninguna necesidad de reflexión y/o acción.

Será porque si no existe una posibilidad real de encontrar trabajo en ello, ese problema no merece verdaderamente nuestro tiempo ni nuestro análisis. Así ocurre, que los grandes problemas de nuestros días (refugiados, desempleo, desigualdad, guerra, etc.) pasan desapercibidos para la terapia ocupacional, porque no nos van a dar de comer. La paz parece que tampoco, al fin y al cabo, somos una profesión cuya historia está esencialmente ligada a la guerra.

Pero asumir que nos quedamos al margen, sería, en primer lugar, negar nuestras propias responsabilidades y, en segundo, aceptar que la construcción de una convivencia pacífica puede llevarse a cabo dejando al margen a una parte de la sociedad; primero a los terapeutas ocupacionales por su inacción o su decisión propia, luego a los de una u otra determinada ideología “incómoda”, luego, por qué no, a las víctimas, siempre tan “puntillosas”, y, por supuesto, también a los “despreciables” victimarios… ¿eso queremos?, ¿una paz para nosotr@s, sin nosotr@s?

Personalmente me niego a aceptar que una profesión que atiende las necesidades de las personas (que por definición son cambiantes), no tenga nada que aportar ante este hecho. Que aceptemos, sin cuestionar, constreñir los marcos de nuestra capacidad de análisis, sometiéndolos a la dictadura de un mercado laboral, para nada diseñado en base a la atención de esas necesidades. La paz, también es cosa nuestra, aunque hoy no nos de trabajo. El ejemplo colombiano, y el reclamo que Solángel García nos cedió allá por julio del pasado año, podría ser un buen ejemplo donde empezar a mirarnos.

La paz es cosa nuestra, en primer lugar, porque trabajamos con las víctimas, porque hemos atendido sus secuelas físicas y psicológicas, porque conocemos su entorno y sabemos de las consecuencias que el hecho terrorista ha causado en su vida cotidiana y/o en las de sus familiares, y el reto que supondrá convivir en paz, traducido a los actos del día a día, con quienes agredieron, toleraron o simpatizaron con el terror. Especialmente con ellos/as, tenemos la obligación moral de no permanecer al margen, de contribuir a una construcción de su relato y una gestión de su dolor que posibilite mirar hacia el futuro más allá del odio.

La paz es cosa nuestra, porque también trabajamos en las cárceles y tenemos acceso a quienes rompieron todas las reglas de convivencia causando un gran dolor y una fractura social histórica. A quienes se han deshumanizado a través de la ejecución de ocupaciones violentas, pero que están llamados, inexorablemente, a retornar a sus comunidades de origen al final de sus condenas, para enfrentar la convivencia en una sociedad que habrá cambiado (y mucho) y que les exigirá también a ellos/as una transformación esencial. Por qué no, las intervenciones de terapia ocupacional orientadas a la promoción de la autonomía personal, podrían ser válidas para aquellas personas que quieren tomar distancia de las decisiones que la banda terrorista impone, como primer paso para replantear el sentido de sus ocupaciones, el dolor causado a través de ellas y la imperiosa necesidad de repararlo, por qué no, la terapia ocupacional podría ser generadora de oportunidades para volver a empezar.

La paz es cosa nuestra, porque la terapia ocupacional ha demostrado su capacidad para sanar individuos, pero también podría contribuir en gran medida a sanar relaciones. Relaciones que, por otro lado, están inevitablemente medidas por lo que hacemos. Nos juntamos con personas que comparten nuestras aficiones, quedamos para hacer cosas con otros, nuestro trabajo depende del de los demás, nos reconciliamos haciendo cosas por y con otros, convivimos cotidianamente en constante inter-acción. La ocupación que hasta la fecha, tanto a contribuido a la violencia, al odio y a levantar muros entre las personas, ¿podría ahora ayudar a construir puentes?. Si habéis visto “Invictus“, sabéis de lo que hablo; aunque hay otros muchos ejemplos pequeños y cotidianos, simples gestos, como el de la Federación Murciana de Fútbol con la iniciativa “#elRespetoGana” que ha reducido la violencia en los campos infantiles. ¿Por qué no, por lo tanto, con independencia de otros procesos imprescindibles, relacionados con la gestión cognitiva y emocional de los conflictos, las ocupaciones, bien evaluadas y gestionadas, podrían llegar a jugar un papel trascendental en los procesos de mediación, encuentro restaurativo, reparación y promoción de convivencia pacífica en Euskadi?

Compañer@s, un paso al frente ante este reto, avancemos, de las palabras a los hechos, que de eso sí sabeos.

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3 Comments

  • Laura Atarés on 12/04/2017

    No puedo estar más de acuerdo con la cita con la que comienzas el artículo, así como con las reflexiones que expresas, fruto de un análisis, seguro, profundo. Tengo que reconocer que nunca me había parado a pensar en nuestra intervención en este proceso.
    Tan sólo comentarte que aún leyendo y releyendo el artículo, no acabo de entender del todo el porqué de las palabras entrecomilladas. Quizá, como víctima que soy, aun mantengo esa intolerancia de la que habla la cita. Esa intolerancia que va a costar un gran esfuerzo por parte de todos, pero que duele. Gestionar el dolor es el camino que queda por recorrer.

    • Author
      Daniel Emeric Daniel Emeric on 12/04/2017

      Buenas tardes Laura,

      Primero de todo muchas gracias por tu comentario y tu valentía. Con las comillas simplemente pretendía hacerme eco de algunos apelativos comunes que yo no comparto, y que creo que se atribuyen de una forma muy genérica y estigmatizante, y que ayudarán poco a avanzar en un proceso tan complejo como el que enfrentamos. Creo que es una forma muy gruesa de descalificar y excluir a personas que seguro tienen mucho que decir en todo esto, pero que quizá no lo hagan en favor de unos determinados intereses, esencialmente políticos.
      Evidentemente hay un conjunto de víctimas que están en todo su derecho de desconfiar, de juzgar y reclamar desde el dolor, de odiar incluso, de buscar venganza… pero en algún momento habrá que plantearse si esa es la mejor estrategia para favorecer una convivencia pacífica en Euskadi para las futuras generaciones de vascos y vascas, y, en todo caso, en lugar de juzgarlas, menospreciarlas y estigmatizarlas por tener esa visión, habrá que plantearse en qué medida desde la sociedad y desde la política hemos sostenido ese discurso, hemos utilizado a las víctimas cuando nos ha interesado, o hemos hecho caso omiso a sus necesidades y a la articulación de respuestas para superar ese germen de intolerancia que ahora nos hará tan difícil avanzar. Prueba de ello es que la Ley que regula el estatuto de la víctima del delito fue aprobada a finales de 2015! y en su propio preámbulo se reconoce que: “se ha podido advertir, y así lo traslada nuestra sociedad con sus demandas, una cierta postración de los derechos y especiales necesidades de las víctimas del delito que, en atención al valor superior de justicia que informa nuestro orden constitucional, es necesario abordar”.

      Si ha existido esta falta de atención hacia las víctimas (con las que, en teoría, debería volcarse el Estado), que en muchos casos ha dificultado las posibilidades de “pasar pagina” y continuar con la vida, imaginemos el nivel de atención que pueden haber recibido los victimarios para promover procesos de cambio personal como únicos medios capaces de romper con la identidad entre el asesinato (el acto) y el victimario (la persona) tal y como reclama el manifiesto “por un fin de ETA sin impunidad” (http://ep00.epimg.net/descargables/2017/04/06/1b850afd600606841a18fac492a9fcc3.pdf)

      Un saludo

  • Una reflexión intensa Daniel, desde Amaranto Terapia Ocupacional te felicitamos por este artículo que, sin duda, nos hará pensar a muchos. Por supuesto que la paz es cosa de todos. Nos quedamos con la frase “la terapia ocupacional podría ser generadora de oportunidades para volver a empezar”
    Gracias por ello.

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