Terapia Ocupacional desde los márgenes

Pagar por contar: sobre la participación en los congresos de terapia ocupacional

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Hace unos días, un amigo terapeuta ocupacional, uno de los mayores especialistas que tenemos en el Estado Español sobre ese tema en particular, me contaba que había declinado la amable invitación que le habían hecho para participar en unas jornadas profesionales en Almería. “Si voy tengo que poner dinero de mi bolsillo”, me decía apesadumbrado. “Hacer algo decente implica tiempo de preparación y tiempo en las jornadas”.

¿Cómo hemos ido construyendo la mayoría de los principales eventos de divulgación científica, formación y encuentro de terapeutas ocupacionales en España? Con ingentes dosis de voluntarismo y generosidad. Apelando demasiado a la buena voluntad, a las relaciones personales, al compromiso con la profesión y a la gratuidad. Cuando a uno le invitan a un evento (léase encuentro / jornada / congreso) en el mejor de los casos, recibe como contraprestación el abono del transporte, una noche de hotel y una comida. Eso en el mejor de los casos. Si uno vive cerca del sitio en cuestión puede ser factible hacerlo en el mismo día (aunque ello implique otro tipo de sobreesfuerzos personales). Si el evento es en la otra punta de España y uno no quiere recorrer el país por la noche, asume que tiene que pagarse el tiempo restante de estancia de su propio bolsillo. La posibilidad de comunicación a través de transporte público es sumamente desigual en el territorio español y el uso del vehículo privado entraña otros riesgos y desgastes que tampoco nadie parece valorar. ¿En qué momento hemos decidido que no se pagan las conferencias? ¿Cuándo hemos normalizado que el tiempo, más allá de la ponencia, es tiempo de ocio del participante que debe correr a su cargo? ¿Cuándo decidimos y asumimos que el trabajo de preparación de una conferencia no se tenía que pagar? ¿Cómo vamos a contar con los mejores profesionales en determinados eventos si ese trabajo no se reconoce?

A un colectivo especialmente precarizado como el nuestro, no podemos pedirle que, además, haga el esfuerzo de “regalar” tiempo y trabajo (que prácticamente son lo mismo). Los certificados son muy útiles para quienes estamos en el espacio de la Universidad pero de escaso o nulo provecho para quienes hacen un trabajo fantástico digno de ser conocido y difundido en una residencia privada de personas mayores. Desgraciadamente también eso hace que la “población de profesoras universitarios” sean una masa ingente en determinados congresos en detrimento de profesionales de intervención directa. El diseño de nuestros espacios congresuales también refuerza, de algún modo, ese tipo de participación. ¿Qué terapeutas ocupacionales puede acudir a congresos entre semana? ¿A cuántas de nosotras nos facilitan las licencias y permisos necesarios para faltar varios días a nuestro puesto trabajo? ¿A cuántas se nos reconoce la presentación de trabajos en jornadas como una parte más de nuestras funciones? Esto hace que, quien definitivamente accede a participar, no solo no gane nada (económicamente), sino que además pierda su propio tiempo de descanso (asuntos propios, vacaciones, etc).

Carece de toda lógica defender el valor de la ocupación, y no dárselo al trabajo que realizan quienes participan contando en un congreso lo mejor que saben, el fruto de investigaciones a las que les han dedicado tiempo. Por supuesto, es incoherente, reivindicar unas condiciones laborales dignas para las terapeutas ocupacionales y después, cuando nos toca a nosotros ponerle precio a nuestra propia experiencia y conocimiento, pretender que éste sea gratis. Por otro lado sorprende que ese voluntarismo, más o menos generalizado, no tenga una relación directa con los costes de inscripción de algunos eventos y pueda darse la paradoja de que una jornada en la que nadie cobra pueda ser considerada cara para las asistentes, evidenciando nuestra dificultad para encontrar un “precio justo” a nuestros espacios de encuentro profesional. O lo que podría ser peor, poniendo sobre la mesa que quizá nuestras demandas y expectativas como participantes fuercen, de algún modo, que la gestión económica priorice los gastos “superfluos” (cenas de gala, catering, regalitos…) sobre los imprescindibles.

No, por supuesto que no todos los eventos son iguales. Hay foros con los que se asume el compromiso, bien sea con la profesión, con las personas que lo organizan, o con la institución en la que se realizan, o por los efectos que buscan. Y uno acude encantando a esos foros. Por unas cañas, por un café o por el simple hecho de ayudar a construir algo.

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5 Comments

  • Quique Cano on 06/07/2017

    Interesantísimo post!! Y totalmente de acuerdo.
    Si nosotros mismos no valoramos nuestro trabajo…cómo queremos que lo valoren los demás?

  • Beatriz on 11/07/2017

    Hola Pablo, comprendo tu reflexión pero en ocasiones la realidad de algunos congresos es otra, y gracias a personas que acuden altruistamente pueden seguir adelante año a año creando una unión entre terapeutas ocupacionales. Los elevados costes en cuanto a la organización del congreso, la ausencia de patrocinadores y poner un precio asequible para estudiantes e incluso financiarlo a personas que económicamente no pueden realizar esa inversión, hacen que solo podamos depender de ponentes que deciden altruistamente venir. Evidentemente te escribo desde casos particulares y en ocasiones estos congresos estan organizados por estudiantes que altruistamente prestan su dinero y economicamente hacen un esfuerzo para sacar adelante esto, a la par de seguir con sus estudios de formación. Un saludo

    • Author
      Pablo A. Cantero Garlito on 07/09/2017

      Completamente de acuerdo contigo, Beatriz. Es más, en algunos congresos, como el CIETO de este año, uno se pregunta cómo lo hacen para poder hacer tanto con cuotas de inscripción tan bajas. Y la respuesta es clara: muchísimo trabajo de mucha gente desinteresada.

  • Gloria on 04/08/2017

    No he entendido muy bien este post, parece una crítica a ciertos congresos o jornadas de terapia ocupacional (los terapeutas tirandonos piedras sobre nuestro tejado como siempre), pero luego concluyes que hay ciertos eventos que depende quien los organize pues se va y no es tan problema!
    Y mi pregunta es, es beneficioso este tipo de pots para las organizaciones que ademas del esfuerzo, tiempo, dinero y energia que supone de organizar unas jornadas, además tiene que aguantar este tipo de críticas?

    • Author
      Pablo A. Cantero Garlito on 07/09/2017

      Compañera:
      Reflexionar en alto y de manera compartida dudo que sea tirar piedras sobre el tejado de la profesión. Es más, lo que tratamos de poner sobre la mesa es una situación que nos parece sumamente perjudicial para el adecuado desarrollo de la disciplina. Hay muchas formas de organizar eventos y lo que pedimos es un respeto y dignidad por el trabajo que realizan los ponentes (si queremos eventos de calidad y que sirvan para hacer una profesión más fuerte y con mayor calado en la sociedad que sea capaz de responder a las demandas y necesidades ocupacionales de la población).

      No entiendo muy bien lo de “aguantar”. No todo vale. No todo se puede hacer de cualquier manera y a cualquier precio. Y en el “hacer” ya sabes que los terapeutas ocupacionales somos especialistas.

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