Invisibles (Otra vez)

Invisibles (Otra vez)

“Solo cuando las crisis llegan al corazón del privilegio se denominan emergencia, se nombran y se hacen políticamente visibles”

(Yayo Herrero, 2020)

Lo han vuelto a hacer. Una vez más, la Federación Mundial de Terapeutas Ocupacionales hace públicas las cuotas de inscripción para el Congreso Mundial del próximo 2022 en París. Atendiendo, de nuevo, a su único mantra (la World Bank Classification), que ha sido y sigue siendo la inflexible fórmula que la WFOT emplea para establecer los criterios económicos de acceso al evento mundial, más allá de cualquier otro indicador de las economías reales de las terapeutas ocupacionales del mundo, o de la información que, seguramente de buen grado, podrían facilitar cualquiera de las organizaciones miembro más afectadas.

Como denuncia, Pablo A. Cantero publicaba una imagen en las redes sociales, en la que comparaba el coste de la inscripción establecida (presencial, anticipada y para “no miembros”) con el salario mensual de una terapeuta ocupacional en España (tomando como referencia uno de nuestros convenios laborales estatales) bajo el lema “¡Sin accesibilidad no hay R-evolución!”. Los comentarios y debates suscitados, ponen en evidencia que la exclusión económica que Pablo ponía de manifiesto para el caso español, era extensible a compañeras de otros territorios como ya sospechábamos.

Se nos presentaba entonces la siguiente disyuntiva, enfrentar una nueva denuncia de los procesos de exclusión económica de las terapeutas ocupacionales en la WFOT y sus organizaciones miembro o, sencillamente, remitirnos a las reflexiones que allá por 2018, cuatro años y una Pandemia mediante, publicamos en este mismo blog con motivo de la “celebración” del anterior congreso mundial.

Efectivamente, como me hacía ver Frank Kronenberg en un mensaje privado, el mero hecho de disponer de un archivo histórico a través del cual demostrar la insensible falta de voluntad de la WFOT, sostenida en el tiempo, para considerar un giro en sus políticas económicas en congruencia con el mandato democrático, igualitario y participativo que, en teoría debiera orientar sus acciones, podía ser, en sí mismo, un elemento valioso de constatación de una estrategia de exclusión sistémica en la organización, basada únicamente, tal y como afirma Yayo Herrero, en la “extraviada mirada de la razón contable”. Dicho de otro modo, que las terapeutas ocupacionales denunciemos a la WFOT, al menos cada cuatro años, la exclusión a la que nos vemos sometidas, superando el cansancio de reiterar, una y otra vez, los mismos argumentos de justicia y equidad, no solo es una forma de evidenciar el cinismo y la distancia entre el marketing y las acciones reales, sino un deber ético para con quienes nos sucederán y tendrán que enfrentar esta misma exclusión en el futuro.

Además, resulta pertinente considerar si las críticas realizadas en su día a la WFOT también mantienen su vigencia y se sostienen con el paso del tiempo, el cambio de líderes o los cambios en el Mundo. Nada nos hubiera gustado más que tener que retractarnos, que constatar que las políticas, en su día excluyentes, obedecían a la “maléfica” voluntad de personas concretas, juntas directivas o comités organizadores. Lamentablemente, el recorrido histórico de la organización demuestra que no es así, que las dinámicas de exclusión tienen una dimensión estructural.

Por otro lado, parecía inevitable que sobre un congreso que se autoproclamaba una “revolución ocupacional”, estuvieran depositadas las miradas de todo el colectivo de terapeutas ocupacionales, expectantes por conocer, si el alcance de la “revolución” llegaría, si quiera, a considerar las necesidades y la diversidad de la familia mundial de la TO, para favorecer su participación en el “gran evento”, otrora exclusivo y excluyente. No solo no ha sido así, sino que me atrevería a decir que nadie sabe identificar, a día de hoy, en qué consiste exactamente la revolución que nos propone la WFOT. Como ciudadano “medio” francés que soy, puedo permitirme postular que el lema escogido tenga quizá más que ver con la exaltación chovinista de la Revolución Francesa como elemento de identificación identitaria para los extranjeros, que con una verdadera voluntad de tomar en consideración sus principios de igualdad, libertad y fraternidad en el evento. 

Por último, nos han pasado cosas. Desde Ciudad del Cabo hasta hoy, la profesión, como consecuencia de los acontecimientos ocurridos en nuestras vidas personales y profesionales, individuales y colectivas, ha cambiado. Ya nos nos pensamos, ni pensamos nuestro quehacer profesional, en los mismos términos que hace cuatro o cinco años, y esto implica derivadas locales e internacionales que van más allá de un mero congreso o del importe económico de su inscripción, afectando a las relaciones que cada terapeuta ocupacional establece formal o simbólicamente con la WFOT (y otras organizaciones internacionales de TO). 

En el caso concreto de España (desconozco si esto ocurre en otros países miembro) el problema trasciende, con mucho, lo económico y puntual de participar en un evento. Debe ser denunciado y conocido por el conjunto mundial del colectivo, que la organización legal y legítima que representa a las terapeutas ocupacionales españolas (Consejo General de Colegios Profesionales), no es reconocida, a día de hoy, ni por la WFOT ni por COTEC, que sigue sosteniendo a APETO como organización miembro española, desde una postura equidistante y cómplice de una evidente situación de injusticia.

Este hecho, no solo pone de manifiesto que no existe representatividad del colectivo de terapeutas ocupacionales españolas en los órganos internacionales de la profesión, que la participación es ejercida de forma que una gran mayoría de la voluntad del colectivo no es tenida si quiera en consideración o que pocas personas se sienten informadas y representadas en las decisiones que puedan afectar a España en el seno internacional (como por ejemplo en la cuestión económica). No hay ni transparencia, ni representación, ni opción de hacer llegar estas reclamaciones a través de un canal institucional, pues la organización a la que pertenecemos la inmensa mayoría del colectivo español, no es admitida como miembro.

Evidentemente, la alternativa de ser un miembro individual de la WFOT, en la medida en que está condicionada por la intermediación de APETO, no es para muchas terapeutas ocupacionales españolas una opción de participación aceptable, pues, algunas por razones meramente económicas y otras, como acto político consciente y deliberado, hace ya mucho que decidimos limitar en lo posible nuestra relación con la asociación nacional y dejar de contribuir, de cualquier manera, con su deriva “particularísima” (por decirlo de un modo respetuoso con su historia) de entender las relaciones organizativas de la profesión.

¿Esto puede influir en que la WFOT se convierta en España en una entidad irrelevante, si no está cerca ya de serlo? Sin duda. Que ese camino tenga retorno o no, dependerá, en gran medida, de la voluntad de la WFOT por considerar específicamente las necesidades de la TO española, no como un obsequio, sino como parte esencial de la atención debida a un colectivo de miembros plural y diverso, cuya unidad no puede sostenerse indefinidamente en base a los criterios establecidos por los más privilegiados.

Sin duda, más allá de nuestra realidad local tan específica,  hay otras derivadas más relevantes que, como antes decíamos, seguro condicionan mundialmente la relación de las terapeutas ocupacionales con la WFOT y que van más allá del problema de la cuota de inscripción al congreso mundial que a todas llama la atención por su evidente carácter exclusógeno. 

Ya en Sudáfrica, una de las decisiones (antes de la económica) que nos hizo tomar posición sobre la exclusión en la participación, fue la cuestión del idioma. A día de hoy, con un colectivo mundial cada vez más activo y despierto frentes a las situaciones de injusticia ocupacional y desigualdad que sufren las personas racializadas, posicionado frente a la exclusión sistémica sufrida por las mujeres, en todos los ámbitos de la vida cotidiana, y por supuesto, también el académico y el científico, la WFOT anuncia sus tres principales conferenciantes, que resultan ser tres hombres, europeos, blancos. Bienvenidos a la revolución del siglo XIX.

En suma, el problema no es a qué terapeutas ocupacionales desatiende la WFOT, sino a qué seres humanos de nuestros territorios, que comparten características, idioma, poder adquisitivo, historia o cultura con nosotras, está dejando de mirar la federación mundial. Y cómo pretenden, de esa forma, hacer que sea creíble su mensaje sobre la preocupación ante las necesidades y las injusticias ocupacionales en el mundo. 

La única duda que en este punto puede quedar sin despejar es si estas decisiones forman acaso parte de un proceso deliberativo poco consciente y crítico, incapaz de identificar otras formas creativas de construir los vínculos de la terapia ocupacional mundial y, por tanto, de excluir de forma no maliciosa a un conjunto significativo de la profesión. O más bien, dadas las señales de aviso que se vienen reiterando desde hace años y que son sistemáticamente obviadas, hablamos de una estrategia consciente para sostener el establishment y orquestar una organización que, a pesar de lo recogido en su propia declaración de intenciones, mantiene a una significativa parte de su comunidad invisibilizada y desatendida.

Ninguna de las dos alternativas es tranquilizadora y, por más que confiemos en la buena voluntad de nuestros líderes, el tiempo y la paciencia de quienes, al final, siempre quedan al margen de la profesión se está agotando. Cuántos congresos mundiales más pueden sostenerse bajo esta injusticia, solo la WFOT lo sabe, nuestra responsabilidad será,en todo caso, seguir contándolo.

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