Juan A. Pino: “Venimos de otros, somos con otros, nos reproducimos bajo esa condición, por eso, la ocupación humana es siempre comunitaria”

Juan A. Pino: “Venimos de otros, somos con otros, nos reproducimos bajo esa condición, por eso, la ocupación humana es siempre comunitaria”

Juan A. Pino Morán es terapeuta ocupacional. Docente universitario, trabaja con perspectivas comunitarias y críticas y en la actualidad se encuentra realizando el doctorado de sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona, sobre activismo y movimientos sociales de personas en situación de discapacidad de Chile.

Nos encontramos con importantes cambios en las estructuras sociales, políticas y culturales que se aprecian en la actualidad. Realidad que incrementa los espacios de violencia y afecta los sentidos de vida. ¿Cómo enfrenta la Terapia Ocupacional estas situaciones y contextos?

Es una pregunta inquietante, no creo que exista una respuesta única, pero quizás una de las maneras de enfrentar este contexto, es justamente contar en primera instancia, con un análisis o un diagnóstico ocupacional colectivo y disciplinar sobre las transformaciones que van sosteniendo nuestras comunidades y sociedades, tanto a nivel local como global. De alguna manera, ese énfasis analítico problematizador pone en relieve la importancia de las perspectivas disciplinares o enfoques llamados “emergentes”. Con esto, me refiero a las posiciones que vienen desarrollándose en la Terapia Ocupacional crítica (Guajardo, 2012, 2017), social (Galheigo, 2006), política (García, 2016), cultural (Silva et al., 2015), comunitaria (Palacios, 2017; Zango, 2018), de buen vivir (Pino, 2019), feminista (Mondaca, 2017), entre otras.

Bajo estas perspectivas, comprendemos que el aumento de los gobiernos neofascistas a nivel mundial, y que han llegado al poder en Francia, Austria, Inglaterra, Estados Unidos, Argentina, Chile, Brasil y últimamente en Andalucía-España, deberían ser una fuente de preocupación para la Terapia Ocupacional y todos sus proyectos disciplinares.

Con esto, la instalación y profundización del nuevo liberalismo no solo trae consigo regulaciones económicas a gran escala que podemos ver en todas las políticas y discursos de austeridad global, sino también, en un recorte progresivo de los derechos sociales que pasan a ser parte de este nuevo sentido común y del supuesto progreso individual que propone el pensamiento occidental dominante. Esta situación además de desmoronar los Estados de Bienestar, profundiza el extractivismo ecológico, económico y cultural de las periferias de Europa, donde el sueño del progreso nunca ha llegado como tal.

Pero estos giros políticos no quedan sólo en debates macro estructurales, ideológicos y abstractos, sino más bien, se materializan en los proyectos ocupacionales y en la propia Terapia Ocupacional. Por ello, debemos estar alertas y atentos; algunas manifestaciones explícitas de estos ciclos las podemos identificar, por ejemplo, en las crecientes olas migratorias, que no son solo migraciones o movimientos voluntarios de personas, sino principalmente, migraciones forzosas y racializadas, que develan el resultado sistemático de violencia hacia territorios y culturas que históricamente están siendo aniquiladas por el todavía presente imperialismo colonial patriarcal de los grupos y Estados de poder hegemónicos.

Por lo tanto, no son efecto de una evolución natural de cambios socioculturales que despliega la humanidad, sino que son el resultado de prácticas sistemáticas de despojo y violencia institucional, por eso hablamos de racismo y colonialismo del Estado-moderno, y que se reproducen internamente desde los centros metropolitanos hacia las periferias. De ahí también, que identificamos un colonialismo externo y una colonialidad interna. Cuando hablo del colonialidad interna, me refiero a lo personal-subjetivo y a lo disciplinar, ya que en esos niveles también opera este sistema de dominación.

Toda esta arremetida de violencia trae aparejado en sus aliados, un aumento del sexismo, la homofobia, el clasismo, el capacitismo y el nacionalismo, categorías que pueden sentirse lejanas o poco relevantes todavía en nuestro quehacer profesional. No obstante, son consecuencias de marcadores de dominación de “unos” sobre “otros”. Estos eufemísticamente se instalan desde el discurso dominante como efectos irremediables de la globalización, el desarrollismo y el progreso.

Pero este discurso dominante, omite que los privilegios son sólo para un grupo específico de toda la población mundial, y que las grandes mayorías, ahora descritas como minorías, son las más afectadas o las que deben pagar todos los costos. Con esto nos referimos a las mujeres, personas con diversidad funcional, al colectivo LGBTIQP+, personas migrantes, personas mayores, niños/as en situación de vulnerabilidad. Por lo tanto, una gran mayoría de la ciudadanía entra en una situación de precariedad y vulnerabilidad, siendo un patrón general para todas las comunidades y culturas, esto pone en urgencia la necesidad de pensar(nos) en ocupaciones interdependientes y colectivas.

Con estas comunidades precarizadas y nuevos grupos de interés para el trabajo de la Terapia Ocupacional ¿Cómo identificas esos tránsitos y perspectivas de la profesión? ¿Cómo se expresan en sus prácticas profesionales?

En estos tránsitos, la Terapia Ocupacional puede verse porosa o menos visible disciplinarmente, ya que justamente eso busca, aparecer siendo lo que plantean en este espacio “ocupando los márgenes”; en articulaciones, en alianzas, por lo tanto, de manera asociada; en equipos profesionales, colectivos, instituciones, comunidades, en movimientos sociales. Por eso me gusta plantear que la importancia de la Terapia Ocupacional comunitaria no puede convertirse en una substancia, en una cosa, o en una nueva especialidad profesional, acá lo relevante no es la Terapia Ocupacional como dispositivo ni sus nuevas tecnologías, por eso estas perspectivas tienen siempre sus propias contradicciones, sobre todo, cuando se piensan exclusivamente desde el propio interés institucional disciplinar. Su preocupación mayor son los sujetos en relación, en sus territorios cotidianos, en sus sistemas naturales, en sus comunidades de vida o como plantea Boaventura De Souza Santos (2016) en sus identificaciones en curso.

Ahí el terapeuta ocupacional debe accionar la pluriversatilidad de las ocupaciones humanas, pero principalmente, de sus propias ocupaciones. Nos debemos entender en nuestros múltiples roles: trabajador, profesional, ciudadano/a, vecino/a, y muchas otras caracterizaciones.  Y en esas diferentes posiciones, se debe ejercer lo que el pensamiento nietzscheano propuso como voluntad de poder, para ir a la raíces de los problemas y enfrentar lo que Elelwani Ramugondo (2018) en su discurso inaugural del último Congreso Mundial de la WFOT celebrado en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) nos propuso con su trabajo de sanación y descolonización que debemos realizar para con nuestras prácticas y cultura. Ya con eso, tenemos bastantes desafíos.

“Nos estamos ocupando-reproduciendo-transformándonos comunitariamente, los unos con los otros, entre nos-otros, por eso creo que debemos pensarnos juntos, local y globalmente.”

Pero estos tránsitos y perspectivas, tienen un énfasis primario, podríamos decir, algo preexistente, anterior a nosotros mismos, una suerte de ontología existencial, ahí pienso en la relevancia de las comunidades y sus ocupaciones, como nacimiento-naturaleza de nuestras relaciones. Venimos de otros, somos con otros, nos reproducimos bajo esa condición, por eso, la ocupación humana es siempre comunitaria, nos estamos ocupando-reproduciendo-transformándonos comunitariamente, los unos con los otros, entre nos-otros, por eso creo que debemos pensarnos juntos, local y globalmente. Disciplinar y transdisciplinarmente. Ahí viene nuestro trabajo o nuestra misión, nuestros desafíos y nuestras utopías.

Sin embargo, no debemos ser ingenuos, las comunidades tienen serios problemas hoy en día, cada vez nos enfrentamos a considerar y concientizar mayores ejes de opresión entre nosotros y nosotras. Por eso nunca consideramos las comunidades como esencias neutras, ahistóricas y sin contradicciones. Si tenemos problemas comunitarios, tenemos que “ocuparnos”. La ocupación humana en ese sentido es radical. Pone todo su cuerpo, energía y fuerza para ir erradicándolos. Ahí veo el poder ocupacional comunitario, como una política corporal, afectiva y relacional.Por eso el sufrimiento y la indignación pueden ser estrategias corporales de lucha-movilización-ocupación.

Todo lo anterior, emerge en nuestras prácticas de la Terapia Ocupacional como enfoques diversos y en una ética común para nuestro quehacer, desde lo cotidiano en la relación directa con las personas que nos vinculamos y, particularmente, con las instituciones en la que nos situamos. Esta condición está por sobre la experticia de la técnica o la especialidad y se subsume a cualquier metodología de trabajo.

“Las Cabras” (Chile)

Pero, ¿de dónde vienen estas ideas y comprensiones?

Vienen de experiencias personales y colectivas, vengo de un pueblo, de una localidad llamada “Las Cabras”, ubicada en la Sexta Región de Chile, un lugar de agricultores y campesinos, donde se habita el mundo rural con un sentido comunitario compartido. Recuerdo que muchas cosas que he estado aprendiendo han sido en esos espacios y comunidades, junto a amigo/as, familia, compañeros, compañeras, y en su mayoría, en una relación con otro/as.

Por eso me gusta la compañía, los acompañamientos, sin paternalismo, porque se necesita estar y estar encomún como plantea Martínez (2006) parafraseando al filósofo francés Jean-Luc Nancy. Claro, sin dejar de abandonar los sagrados momentos de soledad y silencio. Pero siento justamente, que la riqueza de la ocupación humana y nuestra disciplina está en las comunidades, como una fuerza que rompe el dualismo singularidad-colectividad. Por eso trabajamos en proyectos ocupacionales personales, singulares, pero con sentido colectivo, comunitario, social, los cuales se retroalimentan mutuamente.

“La historia de la Terapia Ocupacional es la historia de un gran grupo de trabajadoras y trabajadores, y no solo una abstracción de ideas y técnicas.”

Por otra parte, es innegable que estas ideas vienen de luchas populares, encuentros y debates propios de la historia latinoamericana y de Chile, en los cuales los/as terapeutas ocupacionales también han querido inscribirse y trabajar. Cuando hablo de las y los terapeutas ocupacionales, me refiero a su saber histórico acumulado, realizado por personas en experiencias corporizadas, me refiero a aprendizajes de compañeras y compañeros, son muchas y muchos, quedaría en deuda si quisiera nombrarlos a todas y todos. Pero es importante concientizar que la historia de la Terapia Ocupacional es la historia de un gran grupo de trabajadoras y trabajadores, y no solo una abstracción de ideas y técnicas.

Igual de importante es reconocer, que estas comprensiones son fruto de discusiones y propuestas transdisciplinares, que van desde la filosofía política, hasta la cosmovisión de pueblos ancestrales del Abya Yala, están en la sabiduría de los pueblos Quechua, Aymara, Mapuche, por nombrar algunos. Pasando por la sociología crítica, la psicología comunitaria, hasta los estudios de género y las epistemologías feministas, entre otros.

Y en ese marco de aprendizajes que viene desarrollando la Terapia Ocupacional crítica comunitaria, ¿Cuáles podrían ser los desafíos que encuentra?

La Terapia Ocupacional comunitaria es poli semántica, tiene desafíos de diferentes órdenes, pero se retroalimentan entre ellos, esta posición debe seguir cuestionándose sobre su posicionamiento político. Eso ayudará a soterrar sus inquietudes identitarias profesionales sobre ¿Quiénes somos?, ¿Qué hacemos?, ¿Cómo nos reconocemos y nos reconocerán? .

Interrogantes que, lamentablemente, permanecen en las discusiones y debates disciplinares, y que muchas veces, inmovilizan nuestras propias prácticas. En ese sentido debemos aprender de la teoría queer y el activismo de la disidencia sexual, en incorporar toda su fluidez y diversidad, como valor y no como un problema.

La Terapia Ocupacional debe entrar y salir de sus propias concepciones y focos, así, por ejemplo, debe seguir los aprendizajes y riquezas de las epistemologías feministas que están en el corazón de las epistemologías del sur. Particularmente, del feminismo decolonial. Pero esto no debe entenderse como un regionalismo o una romantización de una perspectiva o un territorio específico. También podemos aprender del pensamiento crítico del norte, por ejemplo, de la teoría de la performatividad del género de Judith Butler, que es una teoría ocupacional a la vez, sobre todo cuando nos indica que nuestras primeras socializaciones reiteradas están generizadas e inciden en toda nuestra subjetividad y ocupaciones.

A la vez, podemos seguir los desafíos que nos presentan los conocimientos situados de Donna Haraway y sus postulados posthumanistas o la perspectiva del punto de vista de Sandra Harding, o concientizar lo que Nancy Tuana desarrolla en las epistemologías de la ignorancia para comprender los límites de nuestras prácticas e investigaciones, sobre todo, lo que nos falta por descubrir y sistematizar. La propia Silvia Sanz (2018), en este mismo espacio, nos adelantaba la urgencia de incorporar la perspectiva de género en nuestra disciplina. Pienso que todos estos aprendizajes deben estar en el centro de la propia Terapia Ocupacional comunitaria y crítica, senti-pensándose en clave feminista.

“La Terapia Ocupacional debe estar en alianzas, haciendo y tejiendo un movimiento de vida inter-dependiente.”

Desde nuestras praxis, debemos estar alerta a no instrumentalizar a las comunidades y personas, el sólo estar en el territorio extra-institucional no significa que trabajemos desde y con las comunidades. Debemos estratégicamente atacar la violencia capitalista, racista, colonial, patriarcal, que encontramos en nuestras comunidades. Esto es importante ya que la dominación está unida y la resistencia está dividida y, muchas veces, peleando por sus propias identidades y reconocimientos, por eso la Terapia Ocupacional debe estar en alianzas, haciendo y tejiendo un movimiento de vida inter-dependiente.

Desde la investigación también existen grandes desafíos, pero no sólo para el  reconocimiento académico y científico de las prestigiosas revistas de élite, sino, desde una investigación acción participativa, comprometida con las injusticias ocupacionales. Por eso la divulgación de nuestro quehacer debe mejorar en su visibilidad e impacto social, pero también debemos ingresar de mejor manera en los debates comunitarios, en las luchas populares y en los activismos sociales, por lo que debemos aparecer y producir no sólo para la academia, sino para las propias luchas sociales, y desde los propios medios de comunicación masiva, con nuestras reflexiones y propuestas como terapeutas ocupacionales.

Por eso, si la Terapia Ocupacional quiere realmente cumplir un rol relevante en sus comunidades y sociedad, debe salir de su espacio de confort institucional, médico, cientificista, individual, para transformar esos escenarios. Por eso esa incomodidad identitaria puede ser un estrategia de liberación colectiva. Que nos lleve un paso más allá. De ahí que la Terapia Ocupacional no puede sólo trabajar en reparar o rehabilitar todo el malestar social en el que vivimos, no puede convertirse en un nuevo instrumento tecnológico para compensar los desajustes que produce la propia organización política-económica hegemónica. Sino que debe comprometerse con las causas que producen sus propias acciones. No puede conformarse con esa posición escéptica o acrítica de su propia funcionalidad.

Hay que insistir que la Terapia Ocupacional no puede sólo pensarse solo en sus técnicas interventivas clínicas o terapéuticas, ya lo decía Solé y Asún (2018) el poder en la actualidad, se viste de terapeuta a fin de neutralizar el conflicto social que se esconde tras el sufrimiento. Por eso decimos que estas comprensiones de la Terapia Ocupacional deben ser encarnadas, su materialidad es corporal, en tanto, afectiva, espiritual, subjetiva y táctil. Debemos saber que muchas de las estructuras opresoras se pueden ver escondidas en los discursos y programas sobre inclusión social, calidad de vida, multiculturalismo, innovación; donde nosotros podemos estar participando, sin embargo, tenemos la misión de analizar críticamente estas estrategias y discursos, por eso una Terapia Ocupacional encarnada senti-pensante a través de su propios cuerpos: emocionales, teóricos, prácticos y discursivos, puede permitir desnaturalizar ese malestar ocupacional que traen los nuevos ropajes de la dominación postmoderna.

Desde ahí pienso que las Terapias Ocupacionales deben problematizar sus propios cuerpos, y se puede reconocer en su cuerpo migrante, racializado, pobre, feminizado, discapacitado, que no debe avergonzarse, más, debe ser su situacionalidad de lucha, desde esos márgenes y experiencias, que no es más que la historia desde donde vienen todos sus aprendizajes y potencias. Por que la naturaleza ocupacional es pluriversal, habla diferentes lenguas y dialectos. No tiene una única esencia, ya que su esencia es múltiple.

Así mismo, la Terapia Ocupacional no puede caer en las trampas del fundamentalismo disciplinar, debe salir de esas tensiones encontradas que vemos en el actual debate entre la Ciencia de la Ocupación y la Terapia Ocupacional crítica, donde vemos una suerte de totalitarismo disciplinar cuando se subvalora una posición sobre otra. Una lógica que quiere establecer una mono cultura neo positivista de la Terapia Ocupacional que disputa una única racionalidad e identidad, y que omite y esconde su ideología predominantemente occidentalocéntrica, heteropatriarcal, colonialista y objetivista. Esto está produciendo un epistemicidio disciplinar, por lo tanto, un desperdicio de otros conocimientos y saberes. Saberes que no necesariamente son conocimiento científico. El propio Freire nos advertía “todos sabemos algo y todos ignoramos algo, por eso siempre estamos aprendiendo”. Cuestiones que son premisas de nuestro trabajo diario.

En ese sentido, la Terapia Ocupacional desde estas perspectivas críticas comunitarias, trabaja para analizar, problematizar y transformar todas estas condicionantes en las cuales se produce el malestar y la violencia, por eso se interesa por los procesos socio históricos y materialistas. Por que las condiciones de vida materiales son de su atención para pensar las ocupaciones humanas, donde los escenarios materiales explican las oportunidades de acceso y accesibilidad a la vida digna. Por eso nos preocupa pensar en sus niveles y diferencias. Con esto decimos, por ejemplo, que no están dadas las mismas condiciones materiales, estructurales, ni simbólicas en España ni en Suecia. Parece obvio. Como tampoco se da la misma materialidad en Francia que en Latinoamérica, y eso no significa no compartir posiciones en común, sino la preocupación profesional de siempre situarse. Porque no es lo mismo el conflicto independentista catalán, con la resistencia ancestral del pueblo mapuche en el Wallmapu, hay diferentes interculturalidades, por decirlo de alguna manera. Aunque insisto, pueden tener ejes en común, no obstante, su historicidad, su materialidad, su cosmovisión y sus culturas, son de distinto orden. Y por tanto, debemos apreciarlas.

Todo esto nos lleva indudablemente a una necesaria despatologización, desmedicalización, desinstitucionalización de nuestras comunidades y malestares, hacia una ruptura de esa suerte de normalidad del déficit. Por ello, hay que romper con lo que Quijano (2000) llamó la colonialidad del poder, para salir de esos espacios de subalternidad ocupacional. Para eso finalmente, debemos concientizar las palabras de Guajardo (2015) cuando dice que nada de lo que se conoce en nuestra profesión está por fuera de su marco de producción histórica. Producimos prácticas, discursos y saberes para sostener el orden social o bien promovemos su transformación. Ahí la emancipación de las personas y sus comunidades son el centro de nuestro quehacer, pero también de nuestra propia emancipación.


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